Páxinas

domingo, 15 de julio de 2012

SUEÑOS!!!

Las noches de verano se hacen especialmente largas cuando no se tiene a quién tener o desear. Te las pasas dando vueltas, pensando, sintiendo, sudando, abrasándote por fuera por el calor y ardiendo por dentro, consumiéndote por tu propio fuego de pasión contenida; Ésta era una de esas noches. Llevaba un par de horas mirando aburrido la televisión, sin prestar atención realmente a las imágenes que aparecían ante mis ojos. Decidí apagarla. Caminé hasta la pequeña salita en donde suelo escribir y encendí el ordenador. Hacía un par de semanas que no miraba el e-mail. Me conecté esperando encontrar algún e-mail, que me sacara de este aturdimiento monótono en el que me sentía sumido. Nada. Aquella me estaba pareciendo la noche más desoladora de toda mi vida. Ante el fracaso obtenido, decidí apagar el ordenador e irme a la cama, pero cuando iba a hacerlo, algo me sorprendió. Un cartelito apareció en la pantalla de repente:"El usuario Maria desea incorporarle a su lista de contactos". Ésta si que era buena; cuando ya creía que se había acabado la noche para mí, aparecía de repente una desconocida que quería hablar conmigo. Acepté y a ese pequeño cartel le siguió otro, con un saludo cordial. "Hola, soy Luisa. He leído tus relatos y me gustaría hablar contigo". "Hola Luisa. Aquí me tienes. Soy todo tuyo" La conversación comenzó superficial, frívola. Pero poco a poco comenzó a tornarse algo más picaron. "Juguemos a algo"- dijo -" hay ciertas cosas que me gustaría preguntarte. Yo contestaré cualquier pregunta que tengas si respondes a las mías, ¿de acuerdo?“, “De acuerdo. Venga, pregunta "Dime, ¿recibes mensajes a menudo de pervertidas?”No, tú eres la primera. Una tras otra las preguntas seguían sucediéndose, cada vez más atrevidas, mientras mi entrepierna estaba dando buena cuenta de lo que allí se estaba narrando. "Ahora me toca a mí, ¿qué es lo más raro que le has pedido a un chico o lo que le has propuesto?” Y Luisa respondió, narrando con detalles su curiosidad, como si estuviese insatisfecha sexualmente. Yo imaginaba, palabra por palabra, cada una de las cosas que me iba contando. Viéndola por la webcam notaba el roce del ligero vestido de tirantes que llevaba, excitando aún más sus endurecidos pezones. Y por lo que élla contaba, no debía ser yo el único que sentía aquel asfixiaste calor interno... "Me vas a perdonar preciosa, pero esta noche, cuando acabe de hablar contigo me lo voy a pasar muy, muy bien yo solo". "No tengo nada que perdonarte, J. ¿Me dejarás pensar en ti esta noche?”Me honrarías. Tengo ya el calzoncillo húmedo de imaginarlo... "Me estorba ya toda la ropa... “dijo ella" Pues puedes empezar a quitártela si quieres, pequeña. Tengo que dejarte, pero me gustaría pedirte algo antes". Tras una despedida y una promesa, la pantalla del ordenador quedó de nuevo a oscuras. Me dirigí al salón, y empecé a imaginármela con mi sexto sentido como estaba terriblemente excitada, húmeda, ardiendo por una caricia. Sentía el interior de sus muslos humedecidos según caminaba, víctimas del llanto anhelante de su sexo. El salón estaba a oscuras y en frente mía, el gran ventana me mostraba las ventanas apagadas del edificio de enfrente. Todas excepto una. ¿Me estaría viendo?... nóoo... la vi a ella, en su ventana...... Deslizó los tirantes por sus hombros y el vestido cayó cuerpo abajo, arrastrado por su propio peso. Me acerqué más al cristal de la ventana. Aquella pequeña ventana de su habitación estaba entreabierta y la luz seguía encendida. Dejó caer el pequeño tanga verde, caderas abajo, quedando desnuda bajo la noche, con los pezones rozando el cristal. Cerré los ojos un instante y traté de imaginarla a mi lado. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo sería Luisa? No importaba. La imaginé delante de mí rozando levemente mi pecho con su espalda. Imaginé mi aliento junto a su cuello, y mis labios sobre su oreja. Sintiendo como mis manos comenzaban acariciar sus pechos, masajeando suavemente su contorno con la yema de mis dedos. ¿Qué haría ella ahora? Una de mis manos pellizcó uno de sus pezones, luego el otro. La temperatura en su interior aumentaba cada vez más. Cerró los ojos, y mi mano fue bajando suavemente por su abdomen, produciendo un cálido cosquilleo, hasta que alcanzó su entrepierna húmeda y excitada donde manaba todo aquel calor, aquel intenso calor. La otra mano seguía acariciándole los pechos, mientras ésta se adentraba un poco más, rodeándose de jugos tibios que la pasión derramaba. Le temblaban las piernas ante aquella oleada de placer que le estaba recorriendo todo su cuerpo, pero al mismo tiempo me llenaba de frustración al no tener aquel cuerpo al natural que mi mente imaginaba. La mano más audaz rozó por unos momentos la pequeña campanilla de su clítoris, haciendo que un estremecimiento intenso lo recorriera. Temí que cayese, y para evitarlo, la incliné hacia delante, apoyando la barbilla en el cristal de la pequeña ventana. Mis manos seguían moviéndose, a la vez que aquel calor interno se hacía cada vez respiración cada vez más jadeante, a la vez que mojaba los cristales con su aliento ansioso. Quería más, mucho más. Traté de imaginarla de nuevo, delante mía, como antes, acariciándola. "¿Qué te gustaría hacerme, J? ", mientras agitaba mi mano entre su sexo, tratando de provocar en vano aquello que parecía que no quería venir. "Lo que tú ya sabes", contestó mi subconsciente. Sí, lo sabía. El recuerdo de aquellas palabras contándome sus deseos más ocultos exaltaba mis sentidos por momentos. Abrió más las piernas, y respingando el culo hacia atrás, me ofreció las lunas blancas de sus nalgas. "Vamos J, aquí lo tienes", pensaba para sus y mis adentros, "lo que siempre has deseado sólo para ti. Acaríciame las nalgas, así, despacito. Eso es. Muy bien, y ahora adéntrate un poco más, así, así... “Su respiración se entrecortaba con las caricias"... Eso es, acaríciame bien. Ahora adelanta la mano y mójate los dedos en mí... Así, mójalos bien, mételos en mí... Síiii, eso me gusta. "Comenzó a besar el cristal, enardecida por lo que estaba por venir"... Ahora vuelve hacia atrás, hacia donde tú sabes. Sí, ahí, justo ahí. . . Dilátame con tus dedos húmedos. . . Así, así... Un poco más... Aahh, qué bien". Su lengua se volvía loca mientras aquellos dedos, nuevos y desconocidos, comenzaban a penetrarla por detrás, proporcionándole la más deliciosa de las sensaciones. "... Sigue. . . No tengas miedo de penetrarme bien, usa más dedos.... Ahhhh, me vuelves loca.... ¿Te gusta?, ¿Verdad que es delicioso?... No pares, así, pero deja que me acaricie por delante también", mi mano libre no tuvo dificultades para emplearse a fondo en la empapada gruta de su sexo. “Así, así... Ahhhhh, me vuelvo loca... ¡No pares, no pares!.. .. Ahhh, me muero... Voy a reventar.. .. Ahhhh.. .. ¡AHHHHHHH! “Me he tumbado en el sofá. Desde aquí puedo ver las huellas húmedas que ha dejado Luisa en su cristal. La ventana que estaba encendida se acaba de apagar, ¿Me habrá visto? Ahora está todo a oscuras, todo en silencio, y de la imaginaria visita de Luisa sólo queda el profundo relax de los músculos de mi cuerpo. Tal vez vuelva a invitarle en mi mente. O tal vez no. Lo único seguro es que mañana volverá a amanecer un nuevo día, y el sol le sorprenderá en su cama tumbada, dormida, desnuda, pero sobre todo.. . Sola. Y yo solo.... Pero volveremos...........


Autor/a: Desconocid@