Las noches de verano se
hacen especialmente largas cuando no se tiene a quién tener o desear. Te las
pasas dando vueltas, pensando, sintiendo, sudando, abrasándote por fuera por el
calor y ardiendo por dentro, consumiéndote por tu propio fuego de pasión contenida;
Ésta era una de esas noches. Llevaba un par de horas mirando aburrido la
televisión, sin prestar atención realmente a las imágenes que aparecían ante
mis ojos. Decidí apagarla. Caminé hasta la pequeña salita en donde suelo
escribir y encendí el ordenador. Hacía un par de semanas que no miraba el
e-mail. Me conecté esperando encontrar algún e-mail, que me sacara de este
aturdimiento monótono en el que me sentía sumido. Nada. Aquella me estaba
pareciendo la noche más desoladora de toda mi vida. Ante el fracaso obtenido,
decidí apagar el ordenador e irme a la cama, pero cuando iba a hacerlo, algo me
sorprendió. Un cartelito apareció en la pantalla de repente:"El usuario
Maria desea incorporarle a su lista de contactos". Ésta si que era buena;
cuando ya creía que se había acabado la noche para mí, aparecía de repente una
desconocida que quería hablar conmigo. Acepté y a ese pequeño cartel le siguió
otro, con un saludo cordial. "Hola, soy Luisa. He leído tus relatos y me
gustaría hablar contigo". "Hola Luisa. Aquí me tienes. Soy todo
tuyo" La conversación comenzó superficial, frívola. Pero poco a poco
comenzó a tornarse algo más picaron. "Juguemos a algo"- dijo -"
hay ciertas cosas que me gustaría preguntarte. Yo contestaré cualquier pregunta
que tengas si respondes a las mías, ¿de acuerdo?“, “De acuerdo. Venga, pregunta
"Dime, ¿recibes mensajes a menudo de pervertidas?”No, tú eres la primera.
Una tras otra las preguntas seguían sucediéndose, cada vez más atrevidas,
mientras mi entrepierna estaba dando buena cuenta de lo que allí se estaba
narrando. "Ahora me toca a mí, ¿qué es lo más raro que le has pedido a un
chico o lo que le has propuesto?” Y Luisa respondió, narrando con detalles su
curiosidad, como si estuviese insatisfecha sexualmente. Yo imaginaba, palabra
por palabra, cada una de las cosas que me iba contando. Viéndola por la webcam
notaba el roce del ligero vestido de tirantes que llevaba, excitando aún más
sus endurecidos pezones. Y por lo que élla contaba, no debía ser yo el único
que sentía aquel asfixiaste calor interno... "Me vas a perdonar preciosa,
pero esta noche, cuando acabe de hablar contigo me lo voy a pasar muy, muy bien
yo solo". "No tengo nada que perdonarte, J. ¿Me dejarás pensar en ti
esta noche?”Me honrarías. Tengo ya el calzoncillo húmedo de imaginarlo...
"Me estorba ya toda la ropa... “dijo ella" Pues puedes empezar a
quitártela si quieres, pequeña. Tengo que dejarte, pero me gustaría pedirte
algo antes". Tras una despedida y una promesa, la pantalla del ordenador
quedó de nuevo a oscuras. Me dirigí al salón, y empecé a imaginármela con mi
sexto sentido como estaba terriblemente excitada, húmeda, ardiendo por una
caricia. Sentía el interior de sus muslos humedecidos según caminaba, víctimas
del llanto anhelante de su sexo. El salón estaba a oscuras y en frente mía, el
gran ventana me mostraba las ventanas apagadas del edificio de enfrente. Todas
excepto una. ¿Me estaría viendo?... nóoo... la vi a ella, en su ventana...... Deslizó
los tirantes por sus hombros y el vestido cayó cuerpo abajo, arrastrado por su
propio peso. Me acerqué más al cristal de la ventana. Aquella pequeña ventana
de su habitación estaba entreabierta y la luz seguía encendida. Dejó caer el
pequeño tanga verde, caderas abajo, quedando desnuda bajo la noche, con los pezones
rozando el cristal. Cerré los ojos un instante y traté de imaginarla a mi lado.
Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo sería Luisa? No importaba. La imaginé delante de mí
rozando levemente mi pecho con su espalda. Imaginé mi aliento junto a su
cuello, y mis labios sobre su oreja. Sintiendo como mis manos comenzaban
acariciar sus pechos, masajeando suavemente su contorno con la yema de mis
dedos. ¿Qué haría ella ahora? Una de mis manos pellizcó uno de sus pezones,
luego el otro. La temperatura en su interior aumentaba cada vez más. Cerró los
ojos, y mi mano fue bajando suavemente por su abdomen, produciendo un cálido
cosquilleo, hasta que alcanzó su entrepierna húmeda y excitada donde manaba
todo aquel calor, aquel intenso calor. La otra mano seguía acariciándole los
pechos, mientras ésta se adentraba un poco más, rodeándose de jugos tibios que
la pasión derramaba. Le temblaban las piernas ante aquella oleada de placer que
le estaba recorriendo todo su cuerpo, pero al mismo tiempo me llenaba de
frustración al no tener aquel cuerpo al natural que mi mente imaginaba. La mano
más audaz rozó por unos momentos la pequeña campanilla de su clítoris, haciendo
que un estremecimiento intenso lo recorriera. Temí que cayese, y para evitarlo,
la incliné hacia delante, apoyando la barbilla en el cristal de la pequeña
ventana. Mis manos seguían moviéndose, a la vez que aquel calor interno se
hacía cada vez respiración cada vez más jadeante, a la vez que mojaba los
cristales con su aliento ansioso. Quería más, mucho más. Traté de imaginarla de
nuevo, delante mía, como antes, acariciándola. "¿Qué te gustaría hacerme,
J? ", mientras agitaba mi mano entre su sexo, tratando de provocar en vano
aquello que parecía que no quería venir. "Lo que tú ya sabes",
contestó mi subconsciente. Sí, lo sabía. El recuerdo de aquellas palabras
contándome sus deseos más ocultos exaltaba mis sentidos por momentos. Abrió más
las piernas, y respingando el culo hacia atrás, me ofreció las lunas blancas de
sus nalgas. "Vamos J, aquí lo tienes", pensaba para sus y mis
adentros, "lo que siempre has deseado sólo para ti. Acaríciame las nalgas,
así, despacito. Eso es. Muy bien, y ahora adéntrate un poco más, así, así... “Su
respiración se entrecortaba con las caricias"... Eso es, acaríciame bien.
Ahora adelanta la mano y mójate los dedos en mí... Así, mójalos bien, mételos
en mí... Síiii, eso me gusta. "Comenzó a besar el cristal, enardecida por
lo que estaba por venir"... Ahora vuelve hacia atrás, hacia donde tú
sabes. Sí, ahí, justo ahí. . . Dilátame con tus dedos húmedos. . . Así, así... Un
poco más... Aahh, qué bien". Su lengua se volvía loca mientras aquellos
dedos, nuevos y desconocidos, comenzaban a penetrarla por detrás,
proporcionándole la más deliciosa de las sensaciones. "... Sigue. . . No
tengas miedo de penetrarme bien, usa más dedos.... Ahhhh, me vuelves loca.... ¿Te
gusta?, ¿Verdad que es delicioso?... No pares, así, pero deja que me acaricie
por delante también", mi mano libre no tuvo dificultades para emplearse a
fondo en la empapada gruta de su sexo. “Así, así... Ahhhhh, me vuelvo loca... ¡No
pares, no pares!.. .. Ahhh, me muero... Voy a reventar.. .. Ahhhh.. ..
¡AHHHHHHH! “Me he tumbado en el sofá. Desde aquí puedo ver las huellas húmedas
que ha dejado Luisa en su cristal. La ventana que estaba encendida se acaba de
apagar, ¿Me habrá visto? Ahora está todo a oscuras, todo en silencio, y de la
imaginaria visita de Luisa sólo queda el profundo relax de los músculos de mi
cuerpo. Tal vez vuelva a invitarle en mi mente. O tal vez no. Lo único seguro
es que mañana volverá a amanecer un nuevo día, y el sol le sorprenderá en su
cama tumbada, dormida, desnuda, pero sobre todo.. . Sola. Y yo solo.... Pero
volveremos...........
Autor/a: Desconocid@

Chavala eres toda pasión en tus letras, soñar es necesario, la vida sin sueños no es vida.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ambar.
Muchas gracias Ambar.... La vida es así....
EliminarUn abrazo.
Lucía.